Las esculturas de Rosa Jaisli son el resultado de un proceso de trabajo elemental. Las piedras de alabastro se cortan y se abren, creando formas cúbicas y cavidades. El interior de la piedra se somete a un orden subjetivo. Las estructuras tectónicas son visibles abiertamente o deben percibirse, sobre todo cuando la piedra solo se vacía desde los lados y su interior permanece oculto.
A Rosa Jaisli no le interesa una comprensión rápida, sino un tanteo visual y táctil lento, un verdadero «captar con las manos». De las contradicciones de la concepción surgen irritaciones que conducen a preguntas sobre nuestro pensamiento espacial y nuestra orientación en el espacio. Pero estas «arquitecturas inventadas», con sus cambiantes y sorprendentes posibilidades de entrada y de mirada a través, no ofrecen solo un desafío racional, sino también algo misterioso. Son, por así decirlo, una apelación a nuestra memoria, a nuestra curiosidad y a nuestra inseguridad frente a lugares desconocidos.
del catálogo «Rosa Jaisli, Skulpturen»
Galerie El Patio, Bremen, 1992