Instalación de Rosa Jaisli
en el pabellón de la Gerhard-Marcks-Haus
marzo / abril de 1996
Arcilla, arena y paja son los materiales con los que la escultora Rosa Jaisli modela sus nuevas obras. El barro confiere a estas piezas una expresión completamente nueva y casi se sitúa en oposición al severo vocabulario formal que caracteriza sus trabajos en piedra.
Precisamente por ello, la escultora subraya también las dimensiones lúdicas y experimentales de este trabajo, su carácter efímero y procesual, así como el efecto de la textura mate de la superficie y de la tierra de color ocre.
Sus temas son paisajes arquitectónicos, lugares abandonados, moradas como colmenas, estrechamente ligadas a la base.
Entre ellas aparecen envolturas en espiral que se expanden del centro hacia la periferia, determinando la relación entre el espacio interior y exterior y evocando recuerdos de culturas arcaicas.
Mediante la acumulación y disposición de estos «espacios-recipiente», surge una trama orgánica de tensión muy particular: de la naturaleza el camino conduce hacia la arquitectura, pero lo construido aparece como fragmento que revela la magia y el mito de la existencia humana en su relación con la naturaleza y, al mismo tiempo, nos hace conscientes de la transitoriedad humana.