En términos de contenido, la escultora trabaja en dos niveles. Se nutre del repertorio de la geometría para trasladar parcialmente a la piedra sus contenidos formalmente depurados, pero al mismo tiempo remite a una realidad en la que la geometría aparece de manera funcional: la arquitectura. En ese contexto, las esculturas adquieren una dimensión adicional. Ya no son mera forma. Más bien se muestran como partes de una construcción que debe pensarse en relaciones más amplias. Si se realizaran a escala sobredimensionada, serían transitables y sus proporciones clásicas podrían experimentarse de manera directa.

Estos aspectos se vuelven evidentes cuando Rosa Jaisli inclina algunas de sus obras hacia la horizontal y obliga a contemplar desde arriba la relación entre ángulos, segmentos esféricos, perforaciones y masas plásticas. Entonces los espacios se transforman en interiores, las superficies en muros, mientras que las partes sin labrar adquieren un carácter de ruina. A más tardar en ese momento, los componentes arqueológicos de esta obra entran plenamente en la conciencia.

Detlef Wolf
Weser Kurier
Galerie El Patio, Bremen, 1992