Exposición en Atelier Friesenstraße
Bremen, 2012
En su trabajo escultórico en piedra y papel, Rosa Jaisli se había ocupado hasta entonces sobre todo de formas arquitectónicas. En su confrontación con los viejos maestros, no solo se encontró con la impresionante arquitectura del Renacimiento, sino también con los retratos figurativos de esa época y del primer Barroco. Entusiasmada por la intensidad inimitable de la fisiognomía caravaggista y por la gracia de los rostros femeninos de Vermeer van Delft, comenzó a ampliar su manera habitual de abordar el volumen escultórico hacia un nuevo campo temático.
En su obra anterior aparecen pasos y aberturas geométricos en gruesos conjuntos de papel, cuyos recortes pliega hacia delante por el borde inferior como lenguas colgantes. Aquí, en cambio, recorta en hojas individuales de papel la estructura lineal básica de los retratos. No se trata de hendiduras, sino de finas serpientes de papel: las líneas significativas se desprenden y cuelgan fuera de la hoja como hilos de un tapiz blanco. De este modo surge la impresión de algo aún no concluido, como si alguien tuviera todavía que pasar y terminar la obra cortando los hilos. El juego de luces y sombras y los distintos matices de blanco del papel crean una plasticidad sorprendente, especialmente visible en el collar de perlas de la dama del armiño. Como un dibujo con sombreado y realces blancos, estas imágenes figurativas caracterizan con encantadora ligereza a sus modelos reconocibles.